Bailarines profesionales haciendo lo que mejor saben al ritmo de Donna Summer y otros referentes de la música disco en una Nueva York de 1977, muy distinta a la que conocemos hoy en día. En las afueras y en secreto, otro ritmo que hoy por hoy conocemos como Hip-Hop comienza a abrirse paso por las derruidas calles del Bronx. Pandilleros pre-púberes parecen ser los dueños del asfalto junto a grafiteros con zapatillas impolutas que recorren la ciudad saltando por los techos de edificios venidos a menos e, incluso, en llamas. Políticos, empresarios y mafiosos envueltos en transacciones que benefician a unos pocos (y casi siempre caucásicos). Eso y más se deja ver en The Get Down, serie producida y estrenada por Netflix a comienzos de año y que, por si no quedó claro, promete bastante.

La  trama general y dirección, al menos en la primera entrega, corren a cargo de Baz Luhrmann (¿te suena Moulin Rouge o El Gran Gatsby?) junto con el escritor Stephen Adly Guirgis, ambos con mucho teatro musical sobre sus espaldas y que, así y todo, demoraron más de diez años en terminar de elaborar la idea. El resultado nos deja escenas memorables, planos frenéticos y una trama que logra mantener nuestro interés durante 6 extensos capítulos, con una segunda tanda confirmada para 2017.

La historia

El primer episodio dura hora y media pero los personajes principales no tardan muchos minutos en definirse. El, Ezequiel, tiene un don nato para la poesía improvisada pero no sabe muy bien qué hacer con eso. Huérfano y bajo el techo de sus tíos, parece solo vivir para dedicarle los mejores versos a su vecina Mylene, dueña de una voz envidiable pero con poco tiempo para el amor. Ella sueña con hacer resonar su canto de sirena por todo el mundo pese a las amenazas de su padre, el pastor evangélico del barrio, que ve toda la movida como una latente amenaza diabólica. Todos estuvimos ahí: el pibe está decidido a hacer lo que sea por la chica que le gusta, incluso si eso significa recibir algunos golpes y robarse un codiciado vinilo para bailarlo junto a su musa inspiradora en Les Inferno, la exclusiva y peligrosa discoteca en donde cada noche se codean DJs y productores pasados de droga con los gangsters más pesados del vecindario. Bolas de espejos, mucha cocaína y dos jóvenes hormonales persiguiendo sus sueños mientras intentan escapar de la espiral de decadencia que los envuelve en el día a día. Así se perfila la obertura de nuestra historia.

Y si hay un dato de color que no podemos pasar por alto es que la producción de estos 12 episodios tuvo un costo total de 120 millones de dólares, siendo, hasta la fecha, la serie más cara de Netflix. Por el momento bien sabemos que la empresa tiene buena puntería al momento de invertir en sus proyectos, y si no pregúntenle a sus amigos por Stranger Things.